Nuestra historia

Un nombre,
varias capas

Alibí nació de una idea traviesa: darte un gusto no debería pedir permiso. Cuando se te antoja algo dulce no necesitas culpa, necesitas una buena excusa: una coartada. Y esa coartada tiene nombre.

“Todo antojo merece su coartada.”

Alibí guarda más de lo que dice. Se pronuncia como colibrí (el ave que vive de lo dulce y vuela directo al corazón), y en su sílaba final se esconde una abeja que aparece de vez en cuando, para quien sabe mirar. El postre es el néctar; el corazón, el amor con que se hace.

Cada porción se prepara el día de la entrega. Ingredientes seleccionados, recetas perfeccionadas con paciencia, sin conservadores ni atajos. No buscamos hacer muchos, sino los que valgan la pena: la primera cucharada tiene que ser la mejor de tus excusas.